Hay perfiles técnicos. Y hay perfiles que desarrollan una sensibilidad tan extrema por la superficie, por el tacto, por la percepción final del material, que acaban llevando el oficio a una dimensión que pocos imaginan. Iñaki es uno de esos casos extraordinarios.
Hoy es la mano derecha de Manuel Barreda, dueño de Habitables, un proyecto que fabrica piezas
de mobiliario de diseño en nogal y roble macizo con un nivel de exigencia que no admite el más mínimo error. Muebles pensados para exportación, destinados a mercados internacionales donde la calidad no es negociable.
Las piezas que salen de su taller impresionan incluso a veteranos del sector. Muebles que, tras treinta o cuarenta días dentro de un contenedor, destino India, Estados Unidos o cualquier otro punto del mundo, llegan exactamente como salieron: sin movimientos, sin aperturas, sin juntas visibles. Solo perfección.
Iñaki viene de otro mundo: la piedra, el Silestone. Y de ahí arrastra una obsesión casi quirúrgica por la superficie. Ha trasladado esa exigencia al trabajo con la madera, adaptándola a un entorno donde cada micra cuenta. Su dominio del lijado es diferencial: controla la rotación, el abrasivo, la presión, el orden de los procesos... hasta niveles que muy pocos alcanzan.
Trabaja con productos de diferentes marcas del mercado con total libertad de criterio. Esa independencia, combinada con su nivel de autoexigencia, convierte cada observación en una fuente de mejora continua para los sistemas de aceite natural Rubio Monocoat que integra en sus acabados. Sigue las pautas de fábrica con precisión absoluta, porque sabe que el resultado final depende tanto del producto como del proceso.
Y algo que lo define de verdad: no tiene miedo a compartir. Disfruta transmitiendo conocimiento, explicando procesos, enseñando sin guardarse nada. Lo pone todo encima de la mesa.
Porque cuando el detalle es el centro de todo, el resultado no solo se ve. Se siente.